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Título: EDELWEISS DE NUME. LA SOMBRA BAJO EL VIENTO.

Editorial: Era Distribuidora: Disfer

Autora: Melina Vázquez Delgado

ISBN 978-84-96561-22-9

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martes, 16 de agosto de 2011

Relato: El reino de las nubes. Melina Vázquez


El reino de las nubes.

El niño miró dentro de la lavadora, e inmediatamente dedujo que bien podía simular su propia nave espacial. Usó la escasa fuerza de sus piernas para saltar dentro del tambor, y su inmensa imaginación para hacerla funcionar. Supo que la nave arrancaba en cuanto sintió gruñir el motor en su cabeza, entonces pisó el pedal a fondo y voló lejos a través de las estrellas. El viaje fue tan largo y el pequeño astronauta acabó tan agotado que finalmente puso el piloto automático y sucumbió al sueño.

            Cuando se despertó, el pequeño aparcó su nave junto a un satélite y saltó del tambor.  En cuanto cruzó el umbral se despidió de su imaginación para volver a poner los pies en tierra, pero al instante se dio cuenta de que había algo raro. Su casa no era tal y como la recordaba. Los muebles habían cambiado y la luz llegaba con poca fuerza, como si el sol se estuviese apagando. El suelo estaba encharcado y la casa en ruinas. Definitivamente no era su hogar, debía de tratarse de un mundo paralelo al que había llegado por accidente, quizás absorbido por algún agujero negro.

            Pero no tuvo mucho tiempo para explorar, pues de pronto el agua subió hasta el techo dejándole completamente sumergido. Las paredes se encogieron hasta impedirle moverse, y todo su mundo comenzó a girar velozmente con él dentro. Estaba perdido, lejos de casa, y en un mundo desconocido que amenazaba con devorarle.
            Poco después, el pequeño se despertaba completamente empapado en brazos de su madre, que lo agitaba nerviosamente rogándole que despertara.

—¡Te dije que no jugaras en la lavadora! —Lloraba mientras lo acunaba en su regazo.

            El pequeño alargó la mano para tocar la cara de su madre, ansioso por apagar su llanto diciéndole que todo estaba bien, pero sus dedos resbalaron tal cual palpasen una nube… una nube que en realidad era él. De alguna forma supo que había llegado a un mundo paralelo del que ni su nave, su madre o su imaginación podrían traerle de vuelta.


Melina Vázquez Delgado

domingo, 27 de marzo de 2011

Las frases de Melina




«Si continúas esperando el regreso de añorados tiempos felices, pero estos no llegan, confórmate con la dicha de poder revivir momentos buenos, ya que muchos nacen entre sombras, y el sol jamás llega a fijarse en ellos». 

Melina Vázquez Delgado. 

martes, 8 de marzo de 2011

6 años sin Samuel. Poema.

 
Nueve de Marzo.
 
(Esperando a Sami)
 
 
 
Principios de marzo,
final de una vida:
la pena, dura como cuarzo,
oscura como el final del día,
se afila como una hoz,
que con frialdad atroz,
apuñala cruelmente mi herida.
 
Tu ausencia es como leer
sobre papel en blanco,
como escribir sin tinta,
y llorar sin llanto.
 
El tren se retrasa
en la estación de la vida,
y yo no sé qué pasa
solo espero tu venida.
 
Transita gente, despreocupada,
todos siguen con su vida.
A mí se me encoge el alma:
¿Volverás algún día?
 
Dejaste corazones rotos
y recuerdos empañados.
Lágrimas reprimidas,
y acusados llantos.
 
Ya hace seis años
que tú tenías diecisiete;
ahora hace muchos inviernos
que te secuestró la muerte.
 
Eterno adolescente,
implacable impotencia:
¿Dónde irías ese día,
qué mereciera la pena?
 
Y seguimos esperando oírte
atravesando la puerta;
diciendo: “os vais a reir,
pero no me di ni cuenta”.
 
Formulando hipótesis
Ideando mil “si yo hubiera…”
sintiendo como la necrosis
devora nuestra alma entera.
 
Polvo y arena
en una tumba vacía.
Sé que allí no está tú esencia,
la que volverá a la vida.
 
 
Abrirás los ojos, te cercarán verdes prados;
a penas un parpadeo, y ya habrás llegado.
Y sabrás de esos tiempos intermedios
solo porque te los habremos contado.
 
 
El tren llegará a mi estación,
y tú saltarás al andén.
¡Será increíble la emoción
de reencontrarnos en un Edén!
 
 
Notarás tu cuello humedecido
por las lagrimas de quien te extrañaba.
Los brazos de tus seres queridos
rodeándote con toda su alma.
 
Reirás, despreocupado como tú eras,
mientras llueve felicidad a espuertas;
Y dirás: “Si me fui, os vais a reír,
pero yo no me di ni cuenta”.